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Consejos de autocuidado para acompañantes.

En los últimos momentos de la vida de nuestros seres amados, no queremos perder ni un segundo estar en su presencia hasta el punto de “dejarnos la vida” en su atención y cuidado. Y aunque esto es; sin lugar a dudas; un gran acto de amor; es crucial que como acompañantes, reconozcamos nuestros propios límites y nuestra necesidad de cuidarnos.

El autocuidado no es un “capricho”, ni tiene que ser visto como un acto egoísta; calificativo que nos autoimponemos; sino una necesidad tanto física como mental si realmente queremos ser de ayuda y realizar un acompañamiento de calidad.

Aunque son momentos difíciles y en los que nuestra gestión emocional se convierte en una tarea compleja, no debemos perder de vista que nuestro bienestar es el bienestar de la persona a la que estamos acompañando.

Como cuidadores y acompañantes debemos prestar especial atención a las señales de la Fatiga de la Compasión (Joan Halifax), un tipo de cansancio que se da en personas que llevan a cabo labores de acompañamiento y cuidado a terceros.

Cuidar y acompañar a otras personas es, a menudo, una labor exigente; y es por ello que como acompañantes debemos estar atentos al autocuidado, pues de lo contrario podemos caer en un bucle destructivo por el que, cuanto más cansados o desgastados nos sintamos, más desarrollamos la falsa creencia de que no estamos cuidando, ateniendo o acompañando bien a nuestro ser querido.

Ante este sentimiento de no estar haciendo lo suficiente aparecen las emociones de culpa y el miedo los cuales acaban por convertirse en los impulsores de nuestra labor, en lugar de serlo el deseo de ser útiles con amor.

Por la presencia de estas emociones, la fatiga física y mental y el agotamiento que el cuidado genera en el acompañante, si realmente queremos cuidar a nuestro ser querido; cuidar al mundo que él o ella son en esos últimos momentos; debemos empezar cuidando de nuestra vida.

Reconocer nuestros límites significa tratarnos a nosotros mismos con respeto, amor y compasión y ser conscientes de que en cada momento lo hacemos lo mejor que sabemos.  

Las personas cercanas a quien se halla ante las puertas de la muerte son especialmente vulnerables y por esto el ser capaces de tomar conciencia de la necesidad de ese autocuidado, del descanso durante un proceso que puede prolongarse en el tiempo, y de regalarse momentos de atención plena y silenciación son recomendaciones y consejos que no deben perderse de vista.

Es importante también tener presente que a menudo el estado emocional que se genera en estos momentos nos desborda y podemos no contar con demasiados recursos emocionales para gestionar nuestro propio proceso. En estas situaciones pedir ayuda y recordar la existencia asociaciones y especialista que pueden aportar esos recursos puede ser de vital importancia tanto durante el acompañamiento al final de la visa del ser querido como preparación para afrontar de una manera saludable las fases de duelo que se vivirán posteriormente.

En ocasiones, quienes rodean al moribundo requieren de más apoyo y ayuda que éste.

Otro aspecto a reconocer y normalizar es el hecho de que, quienes pasan mucho tiempo al cuidado de alguien, sienten cierto alivio y liberación cuando llega el final; lo que suele acarrear sentimientos de culpabilidad. La aparición en escena de este sentimiento de culpa conlleva un desgaste físico y emocional considerable que también requiere ser atendido y cuidar de él. Ante situaciones estresantes, el propio cuerpo activa sus mecanismos de defensa y reclama descanso y desconexión. Normalizar tales sentimientos y transmitir que “está bien sentir lo que se siente” –sea lo que sea lo que se esté sintiendo–, es lo que más puede ayudar en esos momentos.  Expresar los sentimientos y liberarnos de la emoción, no tapar lo que sentimos o anestesiar la emoción, nos ayudara en el cuidado de nuestra dimensión mental.

Sin lugar a dudas el proceso de acompañar en los últimos momentos de vida requiere de una atención especial hacia el “olvidado” cuidador el cual ve afectada tanto su dimensión física, mental como emocional. Saber tomar distancia en un momento tan difícil, será crucial para vivir de manera plena y compasiva los últimos momentos junto al ser querido que estamos despidiendo sin que esto suponga un deterioro en nuestra salud y nos permitirá afrontar con mayor serenidad la despedida.

Artículo elaborado por Adela Martínez Gómez, terapeuta y acompañante en procesos de duelo y pérdida, Coach de Vida y una apasionada del desarrollo personal.

Os invitamos a que visitéis su web: www.paravolveravivir.com para conocerla mucho mejor.

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