La agonía o situación de últimos días es el estado natural que precede a la muerte. Se debe al fracaso de los órganos principales del cuerpo a causa del avance de la enfermedad y es irreversible.
Esta fase se reconoce a través de un deterioro muy importante del estado general, que se manifiesta en una gran debilidad muscular, encamamiento, pérdida de la capacidad para comer y beber, cambios en las funciones corporales, somnolencia profunda y, en ocasiones, agitación.
En este momento, la atención tanto de los profesionales como de las personas cuidadoras debe centrarse en mantener el máximo confort físico, emocional y espiritual, así como en proporcionar cuidados básicos al ser querido, respondiendo a sus deseos, tranquilizando sus temores y administrando los fármacos imprescindibles.
Estos cuidados permiten abordar el proceso de muerte dentro del respeto a los valores y creencias de cada persona.
¿Qué podemos hacer para ayudar?
Cuidar el ambiente:
· Procure una ubicación cómoda y tranquila, con luz tenue y sin ruidos.
· Limite las visitas, evitando aquellas que resulten innecesarias o que puedan alterar o molestar.
· Cree un clima de afecto, serenidad y gratitud que facilite la despedida.
Favorecer una buena postura:
· Si es posible, debe mantener a la persona en posición cómoda, preferentemente de lado.
· Procure moverla lo menos posible, buscando siempre su confort.
Adaptar la higiene:
· Evite las molestias que pueda suponer un ajetreo excesivo, dando prioridad al aseo superficial en la cama.
· Mantenga la boca de la persona limpia e hidratada para evitar incomodidades.
Cuidar la comunicación:
· Háblele con serenidad, usando frases cortas y sencillas, tratando que se sienta escuchado/a y querido/a. Saber escuchar es una parte fundamental de la comunicación en este momento.
· Si expresa angustia, temor o tristeza, es importante aceptar estas emociones sin negarlas ni minimizarlas, transmitiéndole que en todo momento va a estar cuidado/a y acompañado/a.
· Si le resulta difícil encontrar palabras para responderle, cójale de la mano y corresponda sus emociones desde la comunicación no verbal. De esta manera se sentirá acompañado/a en su dolor.
· La persona enferma puede oír y sentir la mano de quienes le acompañan hasta el último momento, dado que los sentidos del tacto y el oído se conservan hasta el fin de la vida. Si bien puede llegar un momento en que parezca desconectada del entorno y probablemente no pueda percibir lo que ocurre a su alrededor como antes, escuchar la voz de sus personas más cercanas y sentir su contacto físico le transmitirá tranquilidad y seguridad.
· Las expresiones de dolor y tristeza son normales, pero evite aquellas que puedan provocarle intranquilidad y priorice las que, según su criterio y el conocimiento que tiene de la persona, contribuyan a la serenidad y la aceptación.
Favorecer la espiritualidad:
· Aunque no lo expresen, muchas personas son capaces de intuir que su final está cerca. En este momento pueden surgir pensamientos trascendentales o preguntas que no tienen respuesta. Facilite a su ser querido hablar, despedirse, expresar sentimientos como el amor, el perdón o la tristeza, hacer un repaso de lo que ha sido su vida, buscarle un sentido, etc.
· En caso de que le trasmita el deseo de dejar un legado a sus seres queridos, ayúdele a hacerlo como él o ella elija: a través de conservaciones, regalos, instrucciones finales, etc. Comprenda que es su forma de trascender en los demás cuando ya no esté.
· Facilite las prácticas y rituales según las creencias de su ser querido.
Respetar sus decisiones:
· Respete sus deseos y preferencias, entendiendo que las personas tienen derecho a tomar sus propias decisiones hasta el final.
· En caso de que la persona ya no sea capaz de tomar decisiones, puede hacerlo quien haya sido designado por él o ella de forma expresa mediante un documento de
voluntades anticipadas o instrucciones previas, durante el proceso de planificación compartida con el equipo sanitario, etc.
Incluir a los más pequeños:
· Si hay niños y niñas en casa, facilíteles que expresen sus emociones, sentimientos, miedos y preocupaciones. Los menores ven lo que pasa y sufren a su manera este proceso.
· Permítales estar presentes en la medida que ellos quieran, siempre dándoles las explicaciones adecuadas a su edad.
· Hábleles con tranquilidad sobre la situación, adaptando el lenguaje a su comprensión y evitando inventar historias inverosímiles.
Cuidar de uno/a mismo/a:
· Sea consciente de que esta situación puede ser muy estresante y agotadora, tanto física como emocionalmente, y de que si usted no se cuida difícilmente va a poder cuidar bien de otra persona. Busque ayuda en su entorno, en el personal sanitario o los grupos de voluntariado que acompañan a familias que se encuentran en esta situación.
· Acepte la situación sin autoimponerse nada. Algunas personas aseguran que haber cuidado y acompañado a alguien a lo largo de una enfermedad avanzada o en su proceso de final de vida ha sido una experiencia que a la larga resultó positiva y reconfortante.
Acompañar al final de vida es una experiencia que puede cambiar a la persona, que, desde el cariño, el amor, la confianza y el afecto puede allanar el camino de aquellos familiares que se enfrentan a su fallecimiento.
Recuerde que en este proceso no se encuentra solo y tiene a su alrededor a muchos profesionales y voluntarios, que pueden ayudarle a que la transición sea de la manera más confortable posible.
Si quiere que le informemos sobre los aspectos tratados en esta guía o que le acompañemos a lo largo de este proceso sólo tiene que contactar con nosotros a través del email info@plataformacaronte.org o en el número de teléfono 630675395.